Soy Josué Martínez, coach de fuerza y pérdida de grasa para hombres de 30 a 50 años.
Mi especialidad es ayudarte a perder grasa y ganar fuerza de forma sostenible — sin dietas de moda, sin rutinas prefabricadas y sin depender de un coach para siempre.
Mi obsesión es que subas tu estándar de composición corporal y fuerza para que llegues a viejo fibrado, fuerte y que no tengas que depender de nadie para cosas básicas el día de mañana.
Mi enfoque no es el de un dietista o entrenador que te da una dieta/rutina para que la pegues en la nevera con el típico imán de la pizzería de tu barrio que la ejecutes como un robot.
Soy un coach de habilidades: te enseño el qué, el cómo y el por qué, para que perder grasa y ganar fuerza se vuelva automático. No una obligación.
El niño que nadie elegía
Hoy mantengo un 10% de grasa corporal todo el año, levanto el doble de mi peso en peso muerto y hago más de 5 flexiones con una mano — siendo un «flaco» 170 cm y 64 kg, sin genética privilegiada

Pero esto no fue siempre así
Siempre fui un niño físicamente flojo, regordete y asmático.
Me elegían el último para los deportes de equipo.
Sufrí bullying en el instituto — era el empollón (lo sigo siendo), inseguro y encima flojo para defenderme. El blanco perfecto para cualquier abusón.

Me pasé años sin amigos, los fines de semana me los pasaba solo en mi habitación jugando al ordenador. Y de chicas ni hablamos.
Quería ponerme fuerte. Para que no se metieran conmigo, para poder defenderme y para estar más atractivo.
Con 16 años empecé a colarme en el gimnasio con el carnet de mi padre — prohibida la entrada a menores de 18.
Tres horas entre piscina y pesas, cuatro días a la semana, sin faltar uno solo.
Sin tener ni puta idea de lo que hacía: máquinas, cardio, ejercicios para todos los músculos… y cero atención a la nutrición.
Resultado después de años de esfuerzo: seguía siendo igual de flaquigordo.
Sin método, el trabajo duro no sirve de nada.
Los enemigos internos
Algo que aprendí con los años es que los obstáculos más grandes nunca fueron externos. Siempre estuvieron en mi cabeza.
Ansiedad social que me paralizaba.
No empecé a interactuar con mis compañeros de clase de facultad hasta tercero de carrera…
Y para hacer grupos de trabajo.
Ataques de ansiedad cuando tenía que cantar solo en clase de música.
Dos años haciendo video-selfies que nunca publiqué, antes de atreverme a subir mi primer vídeo a YouTube en 2017.
Perfeccionismo que me frenaba en seco. Dedicaba horas a preparar material que me parecía mejorable, para que mientras yo pensaba que la clase era mejorable, un alumno me dijera: «Estoy convencido de que sabes más que muchos médicos, y solo esta clase debería valer más de 100€».
Pero yo solo veía lo que faltaba.
Siempre he sido un bicho raro (lo sigo siendo).
Mi personalidad solo la compartimos el 2% de la población y aunque ahora la gente no se lo cree, me ha costado enormemente relacionarme con la gente.
El punto de inflexión
Empecé a enfocarme en mi salud a raíz de los libros que leía para aprender a ligar. Aprendí que ser un hombre atractivo no era cuestión de qué decir — era cuestión de construir una mejor versión de uno mismo. Y cuidar la salud y el físico era parte esencial de eso.
De no haber sido por ese primer libro que encendió la chispa del desarrollo personal, probablemente hoy sería un ingeniero alcohólico, solitario y con envidia hacia todo el que le va bien.
Eso desencadenó una obsesión. Libros, estudios, formaciones. Me certifiqué como entrenador personal. Empecé a aplicar métodos de fuerza soviéticos en lugar de las rutinas de máquinas que no llevaban a ningún sitio.
Y en dos años mejoré mi composición corporal y mi fuerza más que en los diez anteriores juntos.
Ahí se encendió la bombilla: si esto me cambió la vida a mí, puede cambiarle la vida a otros.
De debilidades a superpoderes
Lo importante no es el camino que recorrí. Lo importante es lo que aprendí en él:
Mi ansiedad social → me llevó a obsesionarme con entender las dinámicas sociales y las conversaciones mentales que las personas tienen consigo mismas. Hoy eso es una de mis mayores herramientas como coach.
Ser un flojo regordete de pequeño → me llevó a querer estar fibrado y fuerte. Hoy mantengo un 10% de grasa corporal todo el año y levanto el doble de mi peso en peso muerto y hago flexiones con una mano, cosas que me parecían impensables años atrás.
Mis problemas digestivos → me obligaron a aprender biología a un nivel que pocos coaches tienen, y me enseñaron a confiar en profesionales que saben más que yo en ciertos ámbitos.
Mi background en ingeniería → me enseñó a ser metódico y analítico, y a diseñar sistemas que funcionan solos sin depender de la fuerza de voluntad.
Ser el «pringao» de la clase → me llevó a salir de mi zona de confort, a normalizar el rechazo y a construir la versión de mí mismo que hoy soy.
Mi propio caso de éxito — el caso de éxito más honesto que puedo mostrarte
No te voy a enseñar el físico de un atleta de élite con genética privilegiada. Te voy a mostrar lo que consigue un tío de complexión normal aplicando método y constancia durante años.
Composición corporal
- 170 cm, 64 kg
- 10% de grasa corporal mantenido todo el año — incluso en fases de ganancia muscular
- Pliegues de grasa de 3, 7 y 11 mm en pecho, abdomen y muslo. El pliegue de grasa de detrás de la mano es de 2mm, para que te hagas una idea

Fuerza relativa
- Peso muerto: 2 veces mi peso corporal
- Clean and press a una mano: 43% de mi peso corporal
- Dominadas: 1,58 veces mi peso corporal
- Flexiones a una mano: 7 repeticiones
Esto no lo conseguí con genética. Lo conseguí entendiendo cómo funciona el cuerpo y aplicando un sistema que funciona solo — sin depender de la motivación ni de la fuerza de voluntad.
Es exactamente lo que te enseño a ti.
Por qué trabajo con hombres de 30 a 50 años
Porque conozco bien al hombre de bien que tiene trabajo, responsabilidades, familia, vida social y poco tiempo — y aun así quiere estar fuerte y con poca grasa sin que el proceso le destruya cuerpo y mente.
No te voy a dar una dieta para que la abandones a las tres semanas. No te voy a vender rutinas prefabricadas ni el típico plan de «8 semanas para abdominales».
Voy a reprogramar tu «piloto automático de gordo» que llevas refinando durante años, para llevarlo a «piloto automático de tío fuerte y fibrado» para que sea la última vez que pierdas grasa
Lo que han conseguido mis clientes
- Perder hasta 15 kg comiendo más, no menos
- Mantener el peso perdido sin efecto rebote
- Ganar fuerza real mientras pierden grasa
- Entender su cuerpo y gestionarlo solos sin depender de nadie
Mi filosofía
La transformación física es el reflejo de una transformación de identidad.
No necesitas ser perfecto para empezar. Pero necesitas empezar para mejorar.
Ese niño regordete que elegían último en el fútbol ahora ayuda a otros hombres a elegirse primero en sus propias vidas.
¿Listo para empezar?
Si tienes entre 30 y 50 años, quieres perder grasa y ganar fuerza, y estás harto de repetir los mismos errores año tras año, hablemos.
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