¿Sabes por qué puedo mantenerme por debajo del 12% de grasa todo el año?
Es exactamente la misma razón por la que la mayoría de la gente engorda con el tiempo.
La misma.
No es una razón distinta, es la misma con el signo cambiado.
El piloto automático con el que operas.
Índice de contenido
No es que uno coma mucho y se mueva poco
Lo que diferencia a una persona con sobrepeso de alguien fibrado no es que uno coma mucho y se mueva poco.
No me jodas.
Si fuera tan fácil, todo el mundo estaría fibrado.
La diferencia está en las acciones diarias de cada uno.
Y por debajo de esas acciones hay otra capa que casi nadie mira: las creencias.
Esas dos cosas juntas forman el piloto automático. Dicho de otro modo: la identidad con la que estás operando.
Identidad = acciones diarias + creencias
Y a partir de ahí solo hay dos programas posibles. El de «Pepe Panza» y el de «Paco 6-Pack».
Las creencias de Pepe Panza
Fíjate en las frases que suelta un tío con sobrepeso, porque no son frases inocentes. Son el software:
«De algo habrá que morirse.» → Para justificar que come ultraprocesados todos los días.
«Por mucho que te cuides, te vas a morir igual.» → Para decirle al que sí se cuida que sus esfuerzos son en vano.
«Ya estoy mayor para empezar a hacer ejercicio.»
«Me da pereza el gimnasio.»
Cada una de esas frases es un ladrillo. Y esos ladrillos construyen la realidad, que en caso de Pepe es tener panza.
Las creencias de Paco 6-Pack
Ahora al otro lado:
«Quiero ser un ejemplo para mis hijos.»
«No concibo levantarme por la mañana y no mover el cuerpo.»
«Para mí es una falta de respeto hacia mí mismo tener barriga.»
«Quiero estar suficientemente fuerte para que, cuando tenga 80 años, nadie tenga que venir a limpiarme el culo.»
Y en el extremo, la versión más bruta que he oído nunca de Llados.
Si tienes una panza y ganas X euros al mes, eres una vergüenza: no sé qué estás haciendo con tu vida ni cómo puedes dormir tranquilo por las noches.
Puede sonarte durísimo. Pero mira lo que hace esa frase: sube el suelo. Y ahí está la clave de todo esto.
Las creencias determinan el estándar mínimo que estás dispuesto a aceptar en tu vida. El suelo. Y también el techo al que crees que puedes llegar.
Pepe Panza no está gordo porque le falte información. Está gordo, entre otras cosas, porque su suelo está muy abajo y él lo ha aceptado.
Por qué las dietas, la liposucción y el balón gástrico no lo arreglan
Cuántas veces habrás oído esto. O lo habrás dicho tú:
«En enero me pongo a dieta y me apunto al gimnasio para quitarme los turrones.»
Y en casos más extremos: liposucción, balón gástrico.
En la gran mayoría de los casos, nada de eso funciona. Funciona para perder las ganas de vivir y para vaciarte la cartera. Para eso sí. Para lo otro, no.
¿Por qué? Porque son parches.
Lo que pasa con las dietas
La mayoría de la gente pone un paréntesis temporal en su vida. Se mata de hambre, renuncia a lo que le gusta y tira de fuerza de voluntad.
Y sí, consigue resultados temporales. Pero acaba más quemado que el cenicero de un bingo y en un estado de represión tal que lo único que piensa cuando termina la dieta es volver a hacer lo de antes. Y con más ganas.
Si has estado dos semanas sin atacar el bote de nocilla a base de fuerza de voluntad, a la tercera lo atracas como si no hubiera mañana.
Y de regalo: metabolismo jodido y efecto rebote. Acabas peor de lo que empezaste.
De hecho, si quieres saber cómo está tu metabolismo, he creado este test para que tengas una idea
Lo que pasa con la liposucción y el balón intragástrico
Aquí ocurre otra cosa, y es lo que yo llamo el efecto lotería.
Querer comprar el resultado sin convertirte en la persona capaz de sostenerlo.
El que compra lotería está comprando una probabilidad de tener un dinero que no sabe generar y que, por tanto, no sabrá sostener. Por eso hay tantos casos de gente que ganó millones y a los tres años está peor que antes. El dinero llegó, pero la persona no cambió.
Con el quirófano pasa exactamente lo mismo. Te quitan la grasa. Nadie te quita el piloto automático que la puso ahí.
Entonces, ¿cómo se pasa de gordo a fibrado?
Reprogramando la identidad.
Y como identidad = acciones + creencias, el trabajo consiste en cambiar esas acciones y esas creencias.
Una a una. Pasico a pasico.
Cuando aprendiste a conducir, la primera clase fue abrumadora: el cambio, el embrague, el volante, los intermitentes, los espejos…
Saliste con la cabeza echando humo. Fuiste poniendo foco en una cosa cada vez, se te caló el coche mil veces, y hoy sales del trabajo, te montas y llegas a casa casi por arte de magia
Yo lo veo como cuando programaba máquinas de control numérico. Si una pieza sale mal, no te pones a limar la pieza. Sería absurdo: la siguiente saldría igual de mal, y la siguiente, y la siguiente.
Vas al programa y corriges el programa. La pieza es la consecuencia.
Tu barriga es la pieza. Tus acciones y tus creencias son el programa.
Aviso: no actuar también es una acción
Esto se malinterpreta mucho, así que lo dejo claro.
Hace poco hablaba con un tío en el gimnasio y me preguntó cuánto pesaba. Le dije que 62,5 kg, que me había pesado esa misma mañana. Y le devolví la pregunta.
«No lo sé, tío. Hace la tira que no me peso.»
Pues eso es. Ese no pesarse, ese no controlar tus métricas, no es ausencia de acción. Es una acción en sí misma.
Y está perfectamente integrada en el piloto automático de Pepe Panza, porque consciente o inconcientemente intenta protegerse de una información incómoda.
No decidir es decidir.
Un día de Pepe y un día de Paco
Para que lo veas en concreto, no en abstracto.
El día de Pepe Panza. Sale del trabajo, pasa por el súper, sección de precocinados (o por el fast food que le pille de paso). Coge cualquier cosa porque tiene hambre. Se la come en el coche, o llega a casa y se la zampa rápido y corriendo mientras ve la tele. Se queda viendo la tele hasta las tantas. Se va a dormir con la cabeza a diez mil revoluciones. Al día siguiente se despierta como el culo y no sabe por qué.
El día de Paco 6-Pack. Al final de la semana tiene una previsión de lo que va a comer la semana siguiente. Bloquea espacio en su agenda para comprar, para cocinar y para comer tranquilo, sin mucho estímulo, prestando atención a las señales de saciedad del cuerpo. Se acuesta temprano y antes de dormir empieza a bajar revoluciones, para llegar a la cama ya al ralentí.
Ninguno de los dos está haciendo un esfuerzo heroico. Los dos están, simplemente, ejecutando su programa.
El ejercicio: tu Excel de dos columnas
Esto es lo que te propongo que hagas hoy. Te va a llevar veinte minutos y vale más que cualquier dieta que te descargues.
Abre una hoja de cálculo o coge un papel y haz dos columnas.
Columna izquierda: todas las acciones y todas las creencias que te pasan por la cabeza en un día normal. Desde que te levantas hasta que te acuestas. Sin maquillar y sin juzgarte. Lo que haces de verdad, no lo que te gustaría hacer.
Columna derecha: todo lo que crees que haría y pensaría tu versión fibrada. En ese mismo día. A esas mismas horas.
Y luego mira las dos columnas juntas.
Esa distancia es el trabajo que debes hacer. No hay más misterio. Ahí ves lo lejos o lo cerca que estás de tu versión fibrada, y ves exactamente qué línea toca cambiar primero.
Empieza por una sola. La que veas más fácil. Cuando esa esté automatizada, la siguiente.
«Ya estoy haciendo cambios y no veo resultados»
Puede pasarte, y hay dos explicaciones posibles.
La primera es que estés en pleno proceso, como el bambú, que primero tira raíz hacia abajo durante años antes de salir a la superficie. Es normal. Aquí lo importante es no dejarlo.
La segunda es más incómoda: que lo estés haciendo todo de puta madre y aun así no avances porque tienes el metabolismo estancado.
Tuve un cliente que hacía las cosas bien y no se movía la aguja. Resultó que estaba comiendo demasiado poco desde hacía mucho, y tenía el metabolismo por los suelos. Estaba pisando el acelerador con el freno de mano puesto.
Por eso construí una herramienta de diagnóstico. Respondes unas preguntas en dos minutos y sales sabiendo si tienes un problema metabólico que hay que abordar antes de tocar nada más.
👉 Haz el diagnóstico metabólico aquí
Porque no tiene ningún sentido reprogramar tus acciones si el sistema que las tiene que ejecutar está en modo ahorro.
Resumen
No necesitas otra dieta. Necesitas cambiar el programa.
Tu porcentaje de grasa no es una cuestión de fuerza de voluntad ni de genética: es el resultado acumulado de unas acciones diarias que están sostenidas por unas creencias que probablemente nunca te has parado a leer en voz alta.
Haz las dos columnas. Mira la distancia. Cambia una línea del programa.
Ejecuta una y otra vez hasta que se vuelva automático y pasa a la siguiente
Hasta que un día te des cuenta de que has llegado sin pensar en ninguno de los pasos.

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